Hace más de 40 años, dos estudiantes de diseño industrial salieron al encuentro del campo colombiano, documentaron con dibujo y palabra los objetos que hacían posible la vida en comunidades rurales: la canoa, el remo, la atarraya, la totuma, el garabato y un gran número de objetos soberanos. Objetos que no fueron hechos para venderse, sino para compartirse y con un alto valor por su uso. Herramientas del día a día cargadas de sentido, de memoria y de una belleza tejida con utilidad.
Hoy, esa investigación —convertida en exposición— llega al Museo del Río Magdalena. Y quienes la crearon sienten que, por fin, ha llegado a su hogar.



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