El Museo del río Magdalena presenta “Arquitectura para un río. Experimento y fuga”. Acuarelas y óleos del maestro hondano, Fernando Charry Rojas.
La aguada, qué mejor técnica para abordar el río, para una arquitectura que fluye y se transforma a medida que avanza por sus orillas. Todo parece con más movimiento. Formas, colores y volúmenes que quieren difuminarse en una atmósfera de realidad y sueño que aún logramos reconocer. Paisajes que contienen la huella histórica del antiguo puerto de Honda y al mismo tiempo su vigente actualidad.
En la obra de Charry podemos distinguir diferentes etapas de su trabajo pictórico, desde sus primeras experimentaciones en 1976 hasta lo más contemporáneo. Charry ha salido a la calle y a orillas de los ríos desde muy jóven una y otra vez, sale a pintar los tradicionales lugares de Honda, calles, plazas y puentes, pero algo comenzó a ocurrir: el niño pintor y músico que ha llevado dentro el maestro, el deseo de experimentar, la pulsión de libertad que por igual asaltó a los impresionistas y que llevaron al máximo los expresionistas abstractos, transformó a Charry y ya no acude al registro idéntico de lo real y ahora nos invita por medio de sus óleos y acuarelas a irnos en un viaje por Honda y el Magdalena sin retorno, viene cargado de sensaciones, de luz y color que tienden a la abstracción. Ya no hay detalle, son manchas, trazos con espátula, cambio de su paleta de colores, la figura apenas esbozada, unas pequeñas pistas que nos guían para reconocer el puerto, el edificio, la calle, el parque, la desembocadura del río, produciendo un efecto mágico de instalarse en nuestra memoria, como lo suele hacer la pintura que dialoga con el espíritu del lugar. Charry traslada la emoción que resulta de la exploración cada vez más libre y madura, así como la necesidad de compartir su sentir más que copiar la realidad.
Para esta exposición, igualmente tenemos la posibilidad apreciar y disfrutar las doce acuarelas originales que ha realizado el maestro para ilustrar el calendario 2025 del Museo del Río Magdalena en un viaje por doce meses del año y por el río, desde Girardot hasta Bocas de Ceniza, con una parada especial en Honda. El maestro guarda con celo y timidez su amplia producción, pinta por el placer de pintar. Algunas de sus obras las encontramos en colecciones privadas que generosamente nos las han prestado y tenemos el gusto de disfrutar.




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